Hay varias lecciones que las mujeres hispanas debemos aprender de Ester al estar viviendo en este país que hemos adoptado como nuestro.

Soy mujer y latina. Dirijo un ministerio cristiano internacional que sirve en todos los lugares en donde se habla español. Porque soy mujer miro la vida desde la perspectiva femenina, lo que significa que a veces lloro, que me enternece un bebé, que me gusta tener flores cerca de mí, que mis decisiones generalmente son más guiadas por mis emociones que por mi racionalidad, en fin, no puedo dejar de lado quien soy al expresarme y desenvolverme en la vida. Pero, también soy latina lo que significa que disfruto la música nuestra, los colores nuestros y especialmente relacionarme a través de largas conversaciones que sabemos cuándo empiezan, pero nunca cuando terminan. Soy mujer y latina viviendo y sirviendo en un ministerio que se radica en un país que no es el mío. Acá he aprendido que además soy hispana y eso me hace diferente de otras mujeres aun sin serlo. El ser hispana me da un “apellido” que me identifica con una cultura, idioma e incluso conexiones que quiero que se preserven para las futuras generaciones.

El ser hispana en un país que no es latino y ejercer un liderazgo en un ministerio multinacional trae tremendos desafíos. Estos desafíos son a veces culturales asociados al machismo propio de ser latinos, a veces son de género pues existe la idea de que la mujer por su femineidad no puede ejercer funciones propias de un jefe sobre hombres y mujeres, e incluso a veces son desafíos culturales internos producto de la manera en que fuimos formadas en nuestro hogar pues la mujer latina/hispana aprende que es ella la que sirve la mesa y calienta las tortillas mientras que el hombre espera para …

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