Un extracto de ‘This Is Our Time’ [‘Este es nuestro tiempo’].

En octubre de 2015, un pistolero solitario entró en Umpqua Community College en Roseburg, Oregón, y creó una escena de carnicería y desesperación antes de volver su arma contra sí mismo. En cuestión de horas, el fuego político de nuestro país estaba en su mayor intensidad. Algunos culparon la falta de leyes de control de armas. Sin importar su posición política, todas las voces tenían una cosa en común: su imaginación se mantuvo cautiva a la idea de que el único lugar donde el cambio puede ocurrir es en la legislatura o el palacio de justicia. Todo el mundo suponía que, o el gobierno era culpable, o el gobierno era nuestra única esperanza.

El evangelio desafía este mito. Nos dice que la esfera política es sólo un área en la que el cambio puede tener lugar.

“No todas las olas de entusiasmo político merecen la atención de la iglesia”, dice el estudioso británico Oliver O'Donovan. “La adoración que los principados y los poderes buscan sacar de la humanidad es una especie de excitación febril. La primer tarea de la iglesia es negarles esa adoración. Hay muchas veces … cuando la crítica política más acertada es hablar de otra cosa”.

Veo ese tipo de crítica en la carta de Pedro a la iglesia primitiva. Imagínese que usted está escribiendo una carta para alentar y exhortar a los cristianos en apuros. Sus lectores ocupan los márgenes de la sociedad; son calumniados y falsamente acusados. Algunos de ellos enfrentan encarcelamiento, y algunos han muerto como mártires. …

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